De murgueros y tumbas
Los pórticos del Cementerio General amanecieron luminosos y disfrazados de multicolores banderas. El silencio sepulcral de la Plaza de la Paz se ve interrumpido por el resonar de tambores, carcajadas y el “aló, uno, dosss” de las pruebas de sonido. La necrópolis más importante del país se colmaba de visitantes sonrientes, policías histéricos y el eco de melodías exóticas.
